lunes, 12 de noviembre de 2012

MUJER E IGUALDAD: LA DOBLE JORNADA

Historia de un fenómeno discriminador

La revolución industrial, cambió la forma de vida de las mujeres que se integraron al mundo laboral. Hasta ese momento, la única expectativa social que tenían, eran las tareas hogareñas. El matrimonio era el único horizonte para la mayoría de las mujeres. El acceso a la educación y otros factores de movilidad social, estaban vedados para el mundo femenino. 


Esta situación producía un ciclo vicioso, pues como no estaban preparadas para el mundo laboral por carecer de educación, tenían que conformarse con trabajos mal remunerados. El acceso a la educación y el cambio de las leyes, permitió a las mujeres acceder a profesiones habitualmente destinadas para varones y mejorar sus ingresos. No obstante, pese a los avances, persistió el considerar responsabilidad de la mujer, tanto el hogar como los hijos.


           














Discriminación

Aún cuando la mujer obtiene recursos financieros, siguen considerándose dichos ingresos como "complementarios", incluso aunque aporten lo mismo o incluso más. A pesar de que ambos, varón y mujer, trabajen fuera del hogar, todavía en muchas familias, se sigue considerando la labor doméstica y el cuidado de los niños, como tareas femeninas, prejuicio con el que debemos acabar. En muchas ocasiones los sueldos de mujeres son menores, que los de los hombres de la misma empresa que realizan las mismas tareas y con categorías profesionales equivalentes.
















Efectos del problema

Las mujeres que tiene un puesto de trabajo fuera de casa normalmente deben además, asumir casi en solitario, las responsabilidades familiares y domésticas, lo que les impone limitaciones, a la hora de competir en términos de igualdad con el hombre, en el mercado de trabajo: disponibilidad horaria, asumir responsabilidades en la empresa, asistencia a reuniones o eventos (jornadas, congresos...). El estrés que provoca, que a las mujeres se les exija eficacia tanto en el mundo laboral, como en sus funciones domésticas, influye en su calidad de vida.


Consecuencias para la pareja


A menudo, una mujer que debe enfrentar una doble jornada de trabajo laboral y doméstico, se encuentra en la situación de tener que lidiar con esposos o compañeros no dispuestos a asumir su parte, considerando que dicha labor es femenina, lo que provoca desgaste, tensión, estrés, y enfermedades psicosomáticas en muchas mujeres. Salvo en situaciones límite, una buena parte de los varones intentan no involucrarse en tareas domésticas, ni el cuidado de los niños, lo que a la larga, produce un paulatino deterioro de las relaciones de pareja, especialmente cuando las mujeres comienzan a reclamar justamente, la necesidad de su colaboración.
              

Conclusión

El problema no es fácil de resolver, si bien la educación es una herramienta de cambio fundamental en la medida que, nos muestra otro modelo de convivencia basado en la equidad y la cooperación. De otro modo, las mujeres seguirán siendo tratadas como si fueran sirvientas de sus hogares y los varones, como si debieran ser servidos solo por su condición masculina.